1. Introducción

La llegada de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) a partir de la década de 1970 produjo cambios de orden cualitativo en lo tecnológico realizable (lo que es técnicamente factible) y en lo tecnológico concebible (lo que es teóricamente pensable). Estas transformaciones se han expresado respectivamente en cambios de registro material y conceptual en nuestro espíritu de época, una nueva era en la historia de la humanidad signada por el uso cotidiano y natural de las tecnologías digitales. Tanto en el dominio de la ciencia real como en el de la ciencia ficción, los discursos relativos a la integración hombre-máquina, que discurren acerca de la fusión entre biología y tecnología, apuntan en conjunto a la idea de que las TIC darán lugar, en un punto cercano, a una singularidad tecnológica, punto histórico de inflexión y cambio trascendental expresado en la aparición de androides y poshumanos, figuras artificiales ontológicamente idénticas, e incluso superiores, a los seres originales en que se inspiran.

La revolución tecnológica iniciada con la llegada del microprocesador se ha consolidado en los años noventa a partir de la convergencia material y conceptual entre biología, ingeniería genética, electrónica e informática. La aplicación de regiones tecnológicas diversas al desarrollo de máquinas humanas y humanos mecánicos ha dado lugar a un régimen de nuevos desarrollos técnicos, expresado en el surgimiento de seres artificiales híbridos, a mitad de camino entre biología natural y tecnología cultural. Este conjunto de nuevas posibilidades ha ido transformando el horizonte narrativo de los discursos asociados a esta rama de desarrollo, alimentando conforme a ello las fantasías y aspiraciones de realidad en los centros de investigación más influyentes del planeta. La mayoría de estos centros se ubican en universidades e institutos especializados en robótica, cibernética, nanotecnología, ingeniería genética, biotecnología, informática, etc., y sus autores y principales promotores son mayormente inventores y especialistas en tecnologías de punta que han participado desde hace años en el desarrollo de las técnicas sobre las que ahora reflexionan.

INTRODUCCIÓN

Una de las tecnologías más importantes en la nueva sociedad tecnológica y post-industrial, denominada sociedad en red, es la robótica (Castells 1996). La visión de un mundo en el que el trabajo de los seres humanos pudiera ser reemplazado por el de los robots, proclamada por los expertos en robótica desde hace tiempo (Moravec 1999), no se ha cumplido aún (López Peláez, Krux 2001).

En la actualidad, es un tema que causa mucha controversia e interés pensar que en un futuro cercano, robots más avanzados tecnológicamente podrían llegar a convivir con los seres humanos en el ámbito público de nuestra sociedad, desempeñándose en empleos y tareas propias de nosotros. El avance del proceso tecnológico rinde sus frutos desde hace ya bastante tiempo y muchas tareas que anteriormente eran realizadas por el hombre fueron progresivamente dejadas a las máquinas.

1. Introducción

En los últimos años, el cine digital ha contribuido en gran medida con los avances que el cine clásico exigía para su progreso. Sin embargo, varios especialistas definen a este cine como autor un retroceso en la industria, que podría tener como consecuencia el fin de la misma. Tomando como punto de partida estas dos posturas podemos preguntarnos:

¿Podrá el cine digital en un futuro ser la causa del progreso y la solución ideal para las problemáticas cinematográficas o, por el contrario, dará origen a una “muerte” en el cine tradicional de película de celuloide?

Este  interrogante nos lleva a dos respuestas completamente desiguales. Por un lado se puede afirmar el próximo y positivo avance en el cine mediante las tecnologías digitales, mientras que por el otro contrariamente, se hablaría de un deterioro en el cine que abriría las puertas al fin de su esencia. Entretanto, la hipótesis de este trabajo sostendrá la primera postura debido a los exitosos resultados obtenidos por las tecnologías digitales en el campo cinematográfico durante los últimos treinta años, como así también a sus dificultades para imitar ciertas características del cine tradicional.

inteligencia-artificial

Ensayo escrito por Inés Bertrani para la materia Taller Multimedia, de la Universidad Argentina de la Empresa.

INTRODUCCIÓN

¿Podrán las máquinas antropomorfas en un futuro igualar o incluso superar a la inteligencia humana? En las últimas décadas, los discursos científicos y cinematográficos acerca de las nuevas tecnologías han generado una controversia acerca de la posible llegada de una “singularidad tecnológica”, expresada en el surgimiento de seres tecnológicos como el androide y el poshumano. Sin embargo, nuestra tesis de trabajo es que las máquinas jamás podrán superar al hombre, debido a que la mente humana es una estructura compleja, irreducible a fórmulas matemáticas, por ende no replicable. Así, negamos la posibilidad de una “singularidad tecnológica”, y el surgimiento de una inteligencia artificial dura, superior a la humana.

I. ¿QUÉ ES LA TELEVISIÓN?

¿Qué es la neotelevisión [1]? ¿Cuál es su rasgo definitorio? ¿Qué la distingue de la televisión tradicional? Antes de responder estas preguntas es preciso dar primero respuesta a esta otra, más general: ¿qué es la televisión? Además de un medio audiovisual basado en la transmisión de ondas hertzianas, ¿qué define a la televisión como medio? ¿Cuál es su rasgo definitorio? Cuestión no menor si se considera su naturaleza maleable, su capacidad de cambio, su adaptabilidad. El medio televisivo, como tantos otros medios de alcance masivo, varía con la sociedad que lo consume. Con todo, se puede sostener que existe un rasgo central que permanece fijo, un núcleo irreductible sin el cual la televisión pierde su naturaleza como medio: mi presencia en tanto telespectador en el discurso televisivo. La televisión es, en esencia, alguien hablándome a mí a los ojos -el noticiero es en este sentido el género televisivo por ontonomasia-; un ‘yo’ presente interpelado en la mirada y en el discurso del enunciador televisivo.

I. RESUMEN

Se trata de estudiar la recepción de textos académico-argumentativos y la visualización de argumentos. En particular, pretendemos determinar cuán necesarios son los metaoperadores lingüísticos, en tanto indicadores explícitos de cohesión, para la adecuada comprensión de un texto académico-argumentativo o, dicho de otra forma, pretendemos estudiar el modo en que los metaoperadores intervienen en la asignación de roles argumentativos.

Los indicadores de cohesión son, como veremos, mecanismos o elementos lingüísticos de que se sirve un enunciador para indicar las relaciones lógico-semánticas que se establecen entre los enunciados presentados en secuencia. La pregunta capital que se encuentra pues en el origen de esta investigación es precisamente la siguiente: ¿son necesarios los indicadores explícitos de cohesión para que el lector logre asignar los roles argumentativos correctamente?

Orientados en esta dirección hemos realizado una investigación de campo a fin de determinar la función de los metaoperadores lingüísticos en la visualización de argumentos. A partir del análisis de los datos obtenidos hemos podido contrastar la hipótesis general de que los indicadores explícitos de cohesión cumplen una función importante en los textos argumentativos y que su presencia en superficie textual facilita en efecto la tarea de asignación de roles argumentativos.

Así como en la teoría de la evolución el medio pone límites a los seres vivos (estructuras orgánicas) y elimina variantes que transgreden las posibilidades de vida dentro del espacio limitado, de la misma manera el mundo de la experiencia […] constituye la piedra de toque para nuestras ideas (estructuras cognitivas).

Von Glasersfeld

Escher - Mano con esfera reflectante - Enero 1935

La historia de la epistemología gira en torno a dos grandes cuestiones: en primer lugar, la discusión sobre si existe una realidad objetiva, externa e independiente a nosotros; y, en segundo lugar, la relación que existe entre los sujetos cognoscentes y el mundo real. En este estudio trataremos de exponer los rasgos generales del constructivismo radical en tanto teoría que busca dar respuesta a estas dos grandes cuestiones para poder, finalmente, plantear algunos problemas que la misma suscita.

Antes de empezar, emprendamos un veloz viaje por la historia de la epistemología. La respuesta a la primera cuestión sólo ha sido negativa en el idealismo inmaterialista fundado por el obispo inglés George Berkeley. Él niega la existencia de toda materia y, por tanto, del mundo real, diciendo que la realidad, lo que nosotros vemos, no es más que una colección de ideas en nuestro espíritu. Berkeley afirma a su vez que, por ejemplo, una habitación fuera del alcance sensorial de cualquier ser humano, seguirá existiendo, pero no por ser material y ajena a nosotros, sino porque es una idea en el espíritu de Dios. Dios, espíritu creador, es quien ha puesto las ideas de las cosas en nuestro espíritu. De modo que somos víctimas de ilusiones, puesto que lo que nosotros percibimos a través de los sentidos no se corresponde con una realidad material objetiva, sino que está en nosotros mismos o, en el mejor de los casos, en el espíritu de Dios. Así, pues, podemos ver que en esta forma de idealismo extremo, la segunda gran pregunta de la epistemología sobre nuestra relación con el mundo real no tiene sentido. Sin embargo, fuera del idealismo extremo del obispo inglés -con excepción de Leibniz-, todas las teorías idealistas aceptan la existencia de una realidad externa e independiente a nosotros. De modo que la gran controversia de las teorías contemporáneas versa sobre la segunda cuestión, esto es, sobre la relación que existe entre el mundo objetivo y los sujetos en su calidad de organismos sensibles dotados de mecanismos de aprehensión de datos exteriores. De todo lo anterior se desprende que la respuesta a la segunda pregunta está íntimamente ligada a la de la primera, de forma tal que la primera condiciona a la segunda. Por este motivo, cabe advertir que en nuestro estudio el primer punto será considerado como un supuesto básico y primordial sin el cual no podríamos encarar una discusión sobre la epistemología contemporánea. En otras palabras, nuestro análisis se centrará en la segunda gran pregunta de la epistemología, a saber, cuál es la relación que existe entre nosotros y el mundo.