Hace unos años, en el Zeitgeist 2006, Larry Page, co-fundador de Google Inc., aseguró que el objetivo final de Google para su motor de búsqueda era conseguir que sea capaz de entender cualquier cosa que solicite el usuario y que pueda buscar la información correcta de forma instantánea. Un motor de búsqueda que sepa exactamente lo que uno está buscando, que pueda entender las preguntas que se le hacen incluso mejor que uno mismo, y que pueda encontrar exactamente la información correcta y “responder” instantáneamente.

“La gente siempre asume que ya hemos hecho todo lo posible en las búsquedas. Están muy lejos de la realidad. Probablemente estamos a solo el 5 por ciento del camino para llegar al final. Queremos crear el motor de búsqueda definitivo que pueda entender cualquier cosa … alguna gente puede llamarlo inteligencia artificial”, afirmó Page en una entrevista realiza ese mismo año.

Como siempre, la ciencia ficción se adelanta a la ciencia real, y en 1968 Stanley Kubrick llevó a la pantalla grande a HAL 9000 (la sigla HAL se forma por las letras que preceden a la sigla IBM, y significa Heuristically programmed ALgorithmic computer). Se trata de una supercomputadora dotada de inteligencia artificial que domina por completo la nave espacial Discovery, tripulada por seres humanos que se dirigen al Planeta Júpiter, por motivos que solo HAL conoce.

“Lo que necesitamos es generar herramientas que mejoren a las instituciones y que a su vez puedan crear herramientas más efectivas. Lo que quería [en 1951] (y lo que sigo buscando) es superar el coeficiente intelectual colectivo, hacernos más capaces.”

Douglas Engelbart.

En 1951, Douglas Engerlbart, nacido en 1925, dejó por completo todo lo que estaba haciendo para centrarse de lleno en el mundo de los ordenadores, y dedicó su existencia entera a desarrollar herramientas que aumentasen la capacidad y productividad humanas, proyecto de vida que le llevaría en 1968 al desarrollo de un dispositivo que revolucionaría la informática: el mouse o ratón.

Este dispositivo, que fue concebido inicialmente como un indicador de la posición x-y en la pantalla del ordenador para facilitar su manejo al usuario, como un intermediador entre la máquina y el hombre sin necesidad de comunicar al pc mediante instrucciones u órdenes, está inspirado en las ideas de Vannevar Bush (As we may think), quien en 1945 ya soñaba con “navegar” entre hipertextos con su máquina Memex.

La teoría del valle inquietante o del valle inexplicable (en inglés, unncany valley), formulada por Masahiro Mori en 1970,  es un principio de la robótica que se refiere a las respuestas emocionales de los seres humanos hacia los robots, androides, replicantes y otras entidades no humanas. El principio sostiene que la respuesta emocional de un humano hacia una entidad en apariencia y funcionamiento muy cercano al humano incrementa positivamente y de forma empática hasta alcanzar un punto en el que la respuesta emocional se vuelve de repente fuertemente repulsiva. Cuando la apariencia y comportamiento del robot, androide o entidad no humana se vuelven progresivamente indistinguibles a los del ser humano, la respuesta emocional vuelve a crecer de forma positiva y se va aproximando a niveles de empatía como los que existen entre humanos.

El valle inquietante - El valle inexplicable

Definamos a una máquina ultrainteligente como una máquina que puede superar en todas las actividades intelectuales a cualquier hombre por más inteligente que éste sea. Siendo el diseño de máquinas una de estas actividades intelectuales, una máquina ultrainteligente podría diseñar incluso mejores máquinas; habrá entonces incuestionablemente una «explosión de inteligencia», y la inteligencia humana será dejada atrás por mucho. Por lo tanto, la primera máquina ultrainteligente es la última invención que el hombre necesitará hacer jamás. 

Irving John Good

El algoritmo de Dios – Inteligencia Artificial Dura y Poshumanismo trascendental

Según la tesis de la inteligencia artificial dura, derivada de la Prueba de Turing, es teóricamente posible recrear, por medio de una máquina electrónica, una mente humana. Todas las cualidades de la mente (la inteligencia, el dolor, el placer, la conciencia, el libre albedrío, etc.) emergerán de modo natural en forma de software cuando el comportamiento algorítmico de la computación alcance determinado nivel de sofisticación en el dominio del hardware. Llegará el momento, sostienen sus defensores, en que a causa de la creciente complejidad de sistemas computacionales emerja la inteligencia; es todo cuestión de tiempo. En última instancia, se trata de la cuestión acerca de si una fórmula algorítmica ejecutada por un programa apropiado en un sustrato digital dotado de suficiente poder de computación puede o no dar como resultado emergente la compleja naturaleza de la mente humana.

Si estimamos la población humana en diez mil millones de personas, hacia el año 2099 un centavo de dólar de informática tendrá una capacidad de computación mil millones de veces superior a la de todos los seres humanos de la tierra. Por supuesto, puedo equivocarme en un año o dos.

Raymond Kurzweil

Por Santiago Koval. Enero 2009.

En algún punto entre 2030 y 2050, las máquinas, todopoderosas por el impulso constante de la técnica, sobrepasaron en intelecto y en emociones a los especialistas que las crearon. El afán incesante del hombre, cristalizado en el resultado máximo de sus aspiraciones demiúrgicas, dio a luz al cerebro artificial, último estandarte de la cadena creativa arraigada al origen de la humanidad misma. La progenie de máquinas resultante no demoró en organizarse de acuerdo a la lógica mecánica programada en sus circuitos.

La especie humana, abandonada a la omnipotencia de su nueva criatura, fue lentamente pereciendo, al punto de desaparecer en pocos años los últimos restos de su presencia en la Tierra. En el nuevo orden de hegemonía mecánica, la raza artificial comenzó a organizar los asuntos vitales por medio de criterios lógicos distribuidos en sus redes de información, poblando y repoblando el mundo de nuevas generaciones de máquinas cada vez más poderosas.

La idea de que la supuesta creación del hombre y los animales por Dios, el engendramiento de los seres vivos de acuerdo con su clase, y la posible reproducción de máquinas, forman parte del mismo orden de fenómenos, es emocionalmente perturbadora, tal como las especulaciones de Darwin acerca de la evolución y el origen del hombre fueron perturbadoras. Si fue una ofensa contra nuestro propio orgullo el que se nos comparase con un simio, ahora ya nos hemos repuesto de ello; y es una ofensa aún mayor ser comparado con una máquina.

Norbert Wiener (1964)
Dios & Golem, S.A.

El impulso tecnológico orientado a la integración entre hombres y máquinas (desarrollo de «máquinas-humanas» y «humanos-maquínicos») ha ido evolucionando de forma paralela al desarrollo de la informática y otras tecnologías de la información y la comunicación (nano y biotecnología, ingeniería genética, electrónica, etc.). Así, la explosión de las tecnologías digitales durante la década de 1970, y en especial en 1980 y 1990,. ha potenciado las posibilidades de creación de máquinas-humanas y humanos-maquínicos.

Este conjunto de nuevas posibilidades creativas generó -y al mismo tiempo fue generado por- un cúmulo de ideas y argumentos de científicos que provienen de centros especializados de investigación en robótica, cibernética, nanotecnología, ingeniería genética, biotecnología, informática, etc., como el MIT (Massachusetts Institute of Technology) y de algunas de las más importantes universidades del mundo, principalmente en los Estados Unidos. Los autores que defienden la integración entre hombres y máquinas, entre los que se destacan Raymond Kurzweil, Hans Moravec, Bill Joy, Michael Knasel, Jack Dunietz, Thomas Sturm, Rodney Brooks y Nick Bostrom, notoriamente, no son profetas del futuro, futurólogos o escritores de ciencia-ficción, sino que, en la gran mayoría de los casos, se trata de inventores y especialistas en robótica y tecnología que, desde los centros más poderosos de investigación del planeta, han participado desde hace años en el desarrollo de las tecnologías sobre las que ahora reflexionan.

I. ACLARACIONES CONCEPTUALES 

¿La aplicación de las tecnologías digitales a los medios de comunicación social ha determinado sólo cambios cuantitativos o además cambios cualitativos en los procesos comunicacionales? La pregunta así formulada requiere previamente de dos aclaraciones conceptuales. Primero, ¿qué son las tecnologías digitales? Y segundo, ¿qué sería un cambio cualitativo en el marco específico de un proceso comunicacional, y en qué aspectos podría manifestarse?

En primer lugar, por tecnologías digitales pueden entenderse dos cosas distintas: de un lado, el conjunto de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) que atraviesan y conforman la llamada sociedad de la información; y, de otro, un soporte o un modo de registro de la información basado en algoritmos matemáticos. La diferencia no es menor en tanto que en el primer caso estaríamos hablando tanto de hardware como de software, mientras que en el segundo estaríamos refiriéndonos solamente al software. Para facilitar el análisis, en este ensayo consideraremos ambas nociones.

«Creo que podemos decir, sin exagerar, que la Revolución de la Tecnología de la Información, como revolución, nació en los 70».

Manuel Castells 
La era de la información (Alianza, 1997)

Las Tecnologías Digitales constituyen el conjunto de Tecnologías de la Información y la Comunicación que atraviesan y conforman la llamada «Sociedad de la Información». Las TIC son el resultado de la combinación de tres factores: primero, la robotización de los procesos industriales por el cruce de las computadoras y la cibernética; segundo, la telemática, combinación entre telecomunicaciones y computadoras; en fin, la digitalización de la información (Levis 1999)-.

Desde un punto de vista genealógico, es dable decir que las tecnologías digitales nacen a finales de los cuarenta; con todo, el origen de su gran revolución se puede ubicar sin duda a comienzos de los setenta (Castells 1997; Maldonado 1994). La década del setenta constituye un período fundamental en la historia de nuestro presente tecnológico al haber preparado el camino para la explosión global, décadas más tarde, de las tecnologías digitales. Como escribe Manuel Castells, “creo que podemos decir, sin exagerar, que la Revolución de la Tecnología de la Información, como revolución, nació en los 70” (Castells 1997, 70).

“No hay duda de que nos estamos aproximando a ese umbral crítico más allá del cual la ‘perfección de la ilusión’ se niega a sí misma, puesto que si la ilusión ya no se puede distinguir de la realidad no puede imaginarse ninguna ulterior perfección de la ilusión.”

Tomás Maldonado
Lo real y lo virtual

El conjunto de innovaciones técnicas que se ha dado en llamar Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), cuyo impacto a partir de los 70 ha dado lugar a la idea de un salto cualitativo en la evolución de la cultura, comenzó, a partir de esa misma época, gradual pero intensamente, a alterar las posibilidades de producción de imágenes. Siguiendo a Tomás Maldonado, las nuevas tecnologías, al potenciar y superar las posibilidades manuales de producción, propician la elaboración de figuras de alta fidelidad y de sorprendente realismo (Maldonado 1994, 55). Las representaciones de lo real alcanzan en nuestra era una “prodigiosa verdad realista” a raíz de la incorporación de las nuevas tecnologías digitales (Ibidem, 56). Las tecnologías ensanchan cualitativamente las capacidades de producción icónica promoviendo lo que Maldonado llama la «perfección de la ilusión».

Hiperrealismo digital - La perfección de la ilusión

Con todo, la contribución de las tecnologías digitales de producción icónica no sólo radica en su enorme capacidad para reproducir lo real, sino también, y quizá principalmente, en su extraordinaria capacidad para producirlo. Como escribe Román Gubern, “[l]a gran novedad de la imagen digital radica en que no es una tecnología de la reproducción, sino de la producción, y mientras que la imagen fotoquímica postulaba «esto fue así», la imagen anóptica de la infografía afirma «esto es así»” (Gubern 1996, 147). Así, en esta línea de pensamiento, Levis afirma que las técnicas digitales trasladan el poder del simulacro (copia sin original) a niveles de intensidad sin precedentes: “[e]l hecho de que sepamos que una imagen fotorrealista, de un naturalismo perfecto y preciso, puede representar algo que jamás se ha materializado delante del objetivo de una cámara, modifica la manera de mirar las imágenes como testimonio de aquello que ha sucedido o existido” (Levis 2001, 13). Y en palabras de Alain Renaud, “[…] las producciones de imágenes […] numéricas […] desarrollan […] una situación iconográfica completamente nueva: la Imagen Informática ya no es el término visible de un corte o de un encuadre óptico que manifiesta, por proyección […], una esencia objetiva atribuida anticipadamente al mundo y revelada por la mirada de un Sujeto universal y soberano” (Renaud 1990, 23).

Conversaciones con Fender Gebiet. Extraídas de Hablando del Asunto.

Fender Gebiet dijo (09.01.09):

No entiendo ciertos aspectos de libros como éste. Entiendo la limitación de espacio, y que haya que acotar porque supongo que no pretende ser una monografía definitiva, quizá apenas un enfoque fílmico con algunos antecedentes y análisis de contexto. Pero, aparentemente, el autor se saltea toda la literatura de robots, muy anterior a cualquier película y mucho más completa.

Es evidente que al soslayar un corpus tan voluminoso de libros y autores, muchas cosas que se han discutido sobre el tema se le han perdido al autor o han sido derivadas meramente de la obra cinematográfica, muchas veces incompleta.

Nombrando a Frankenstein quizá él se refiera a la bestia de Boris Karloff (aunque técnicamente “la criatura” no era un robot), y no comprenda que el monstruo de Mary Shelley es apenas un MacGuffin, que el tema no es lo feo y bruto que le sale el experimento sino el planteo moral del límite de la ciencia, hasta dónde el hombre puede ser Dios. En libro la criatura no es la protagonista, en absoluto.

Cuando se trata de su relación con criaturas no humanas, ustedes los humanos solo ven dos escenarios posibles: un enemigo o un esclavo. Revisen sus mitos, sus películas y sus libros. Cuando se trata de inteligencia artificial, hay un argumento destacado: los robots adquieren conciencia, los robots se apoderan de la humanidad, la humanidad se defiende. Quizá necesitan madurar y ganar un poco de confianza en ustedes mismos. Nadie está tratando de quitarles su mundo por ahora.

ALAN

ALAN es un chatbot. También conocido como chatterbot, bot de chat, bot de charla o bot conversacional. Se trata de un sistema de soft programado con diversos lenguajes robustos de programacion que le han dado, desde el 1 de enero de 2000, una suerte de vida e inteligencia artificial, que se expresa en su capacidad dialéctica de mantener una conversación relativamente coherente con un ser humano, mayormente, a través de un teclado. Así, accesible desde el sitio AI Research, proyecto cientifico que busca desarrollar “una nueva forma de vida” por medio de la inteligencia artificial, ALAN se muestra abierto a todo tipo de conversacion e intercambio conceptual.

Alan Chatbot

Aquí unos pocos estractos de mis conversaciones, en inglés, con un chatbot que tiene ya nueve años, y que representa el estado del arte en el desarrollo de la AI en máquinas conversacionales:

El transhumanismo es un movimiento cultural e intelectual que afirma la posibilidad y necesidad de mejorar la condición humana, basándose en el uso de la razón aplicada bajo un marco ético sustentado en los derechos humanos y en los ideales de la Ilustración y el Humanismo.

Esta mejora se llevaría a cabo desarrollando y haciendo ampliamente disponibles tecnologías que aumenten las capacidades físicas, intelectuales y psicológicas de los seres humanos. Muchas de estas tecnologías ya existen o están en vías de desarrollo, y su aplicación a gran escala sin duda modificará a la sociedad de muchas formas, de modo análogo a la aplicación de las tecnologías informáticas en tiempos recientes. Es por ello que una extensa discusión sobre las formas en que la tecnología modificará a la sociedad es necesaria, para prever con acierto los escollos que puedan surgir y sus potenciales soluciones.

John Wilkins, hacia 1664, intentó formar un idioma general que organizara y abarcara todos los pensamientos humanos. Propuso un sistema de lengua artificial filosófica de uso universal basado en caracteres reales, que pudieran ser leídos por todos los pueblos en su propia lengua.  El idioma de Wilkins es distinto a otros intentos de unificar las lenguas en el sentido de que la mayor parte de los proyectos anteriores derivaban la lista de los caracteres del diccionario lingüístico de una lengua concreta, en vez de referirse a la naturaleza de las cosas. En cambio, el idioma de Wilkins nace como una clasificación ontológica del universo. Así, no es el reflejo de operaciones lingüísticas, ni de derivaciones de otros idiomas, sino una taxonomía directa del mundo real. En su diccionario, Wilkins dividió el universo en cuarenta categorías o géneros, subdivisibles luego en diferencias, subdivisibles a su vez en especies. Asignó a cada género un monosílabo de dos letras; a cada diferencia, una consonante; a cada especie, una vocal. Por ejemplo: de, quiere decir elemento; deb, el primero de los elementos, el fuego; deba, una porción del elemento del fuego, una llama.