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Theodore Berger y su equipo del Departamento de Ingenieria de la escuela USC Viterbi han desarrollado una memoria artificial diseñada para roedores que es capaz de restaurar la capacidad de formar memoria a largo plazo.

En su experimiento, Berger y su equipo bloquearon la capacidad que tienen las ratas para formar memorias a largo plazo utilizando agentes farmacológicos que interrumpen el circuito nervioso que comunica las dos subregiones del hipocampo (la CA3 y la CA1, cuya interacción permite genera recuerdos a largo plazo).

Con los circuitos bloqueados, las ratas no lograban recordar qué palanca debían mover para recibir una cierta recompensa, o solo podían hacerlo entre 5 y 10 segundos.

Seguidamente, los investigadores insertaron en las mismas ratas un sistema de hipocampo artificial (una prótesis nerviosa, a modo de microchip, que hace las veces de hiupocampo y que permite la interacción entre las subregiones CA3 y CA1)  a fin de duplicar el patrón de la interacción entre ambas subregiones. La capacidad a largo plazo de la memoria regresó automáticamente con la activación del dispositivo electrónico.

El término ciborg, contracción lingüística de las voces inglesas cybernetic y organism, remite a un ser humano cuyo organismo ha sido sometido a un proceso de invasión tecnológica que le ha permitido, en algún sentido, superar las barreras biológicas, físicas y mentales de su propia naturaleza. Se trata de un ser originalmente humano que ha comenzado a adquirir atributos y propiedades antes reservadas a las máquinas, y se ha acercado a los productos de su propia tecnología. El ciborg es una entidad de naturaleza mixta, una criatura híbrida del imaginario cultural ubicada a mitad de camino entre la biología y la tecnología, hecha de máquina y humano, de carne y metal, de carbono y silicio, de genes y código binario.

La mitología cinematográfica asociada al imaginario ciborg nace tímidamente en 1935 en el filme “Las Manos de Orlac” (Stephen Orlac es un pianista impelido a actuar criminalmente por el influjo de las manos biológicas de un asesino que son implantadas quirúrgicamente en su organismo), continúa su rumbo en 1958 en “El coloso de Nueva York” (el cerebro de Jeremy Spenser, un prestigioso científico muerto en un accidente automovilístico, es insertado en un enorme cuerpo mecánico que opera como extensión física de sus capacidades mentales) y alcanza cierta madurez en 1964 en el filme “Dr. Strangelove” (el doctor Strangelove, ex científico nazi y asesor del presidente norteamericano, no logra controlar el impulso de un brazo mecánico implantado en su cuerpo que revela sus intenciones fascistas). Estos primeros filmes, limitados por la técnica pero prematuros en conceptos, reflejan desde el origen los miedos y fantasías asociados a la inclusión de extensiones artificiales en el organismo, y preparan de forma primitiva el imaginario vinculado a estas nuevas posibilidades técnicas.

Los hombres-máquinas ya no son personajes exclusivos de la ciencia ficción. Piernas y brazos artificiales, marcapasos, anteojos, autos, computadoras y demás prótesis, además de potenciar capacidades físicas, instalan una nueva forma de ser.

Jerry Jalava, Oscar Pistorius, Rob Spence, Nadya Vessey, Neil Harbisson, Kevin Warwick, Sterlac, Eduardo Kac, Jaime del Val y muchos más que, como la mayoría de la gente de este planeta, no salen en los diarios ni asomaron sus caras en la web pero que, aún así, están por ahí: personas hasta cierto momento “comunes y corrientes” que día a día destrozan los límites y las definiciones y confirman que o bien el ser humano está en vías de extinción o bien que se está convirtiendo en este mismísimo instante en otra cosa. ¿Por qué? Porque ellos (y ellas) son cyborgs, Robo sapiens o algo más que no comprenden del todo. Sólo saben que son distintos (pero no tanto). Que sus cuerpos se fundieron con aquellas herramientas forjadas para hacer más, ver más, querer más y que no pueden vivir sin ellas como la mayoría de las personas no conciben vivir sin un brazo, una pierna, una mano hasta que irrumpe una tragedia y altera todos los puntos de apoyo.

Yo, cyborg - Diario Critica Digital - Santiago Koval La condicion poshumana

Queriéndolo o no, adoptaron para sí una categoría inventada en 1960 por el neurofisiólogo e inventor Manfred E. Clynes y el psicofarmacólogo Nathan S. Kline para referirse a futuros y plausibles seres humanos “mejorados” con un fin adaptativo: sobrevivir en entornos extraterrestres. Y al tomar la palabra “cyborg” (fusión de organismo cibernético) como segundo apellido, la hicieron (tecno)cuerpo: dejaron de ver a las tecnologías protésicas como objetos-reemplazo y las incorporaron a su entorno corporal.

Nota Revista Hombre - Junio 2009 - Nota completa

Aquí reproducimos la entrevista completa realizada a Santiago Koval por Silvio Speranza para Revista Hombre en junio de 2009.

Leer la nota en versión digital en Revista Hombre »

REVISTA HOMBRE: ¿Cuáles son los principales avances que se registran en la tecnología aplicada al hombre?

SANTIAGO KOVAL: Creo que uno de los mayores avances técnicos de los últimos tiempos es la íntima fusión lograda entre el ser humano y los productos de su propia tecnología. Se han realizado varios experimentos de laboratorio, cuyos resultados demuestran que se puede lograr una comunicación directa entre dispositivos electrónicos y nervios humano-biológicos. En 1998, por ejemplo, Kevin Warwick se implantó debajo de la piel un microchip con el cual fue capaz de controlar puertas, luces, calentadores y computadoras. Más tarde, en 2004, con un chip de mayor complejidad, Warwick se conectó a Internet desde Nueva York y logró mover un brazo robótico situado en el Reino Unido. Además, se le implantó también a su esposa un microchip, permitiendo así la primera comunicación electrónica entre dos seres humanos. Este tipo de descubrimientos abre el camino a la investigación orientada a lograr, en un futuro no muy lejano, una interfaz hombre-máquina natural y directa, que dará lugar al surgimiento seres tecnológicos de naturaleza mixta, hechos literalmente de máquina y humano, de carne y metal, de carbono y silicio, de genes y código binario. El ciborg, el poshumano, el robot, el androide y demás fauna artificial han empezado a abandonar los libros y las películas de ciencia ficción, y comienzan lentamente a invadir el escenario de la ciencia real.

REVISTA HOMBRE: ¿Cuál es la interacción entre estos avances y la sociedad humana? ¿Hay aceptación, escepticismo? ¿Se los toma como mejoras en la calidad de vida?