El libro de Diego Levis, Arte y computadoras. Del pigmento al bit, plantea un recorrido por las nuevas posibilidades que ofrece la digitalización de la imagen, ahí donde se encuentran “las artes visuales con las computadoras”, y ofrece en ese recorrido una reflexión profunda acerca de sus implicaciones culturales y conceptuales.

Artículo publicado en Rincón Fílmico

Por Santiago Koval

Basado en la novela corta de Arthur C. Clarke, El centinela, el filme de Stanley Kubrick, 2001, una odisea del espacio, es acaso el mayor esfuerzo jamás hecho por capturar en imágenes el esplendor del inconmensurable espacio exterior. Sin duda, el mundo de 2001 ya había sido representado previamente, pero la fidelidad estética plasmada por Kubrick conduce a un nuevo nivel de posibilidad expresiva y supone, iconográficamente, un salto cualitativo en la simulación de mundos inefables. En su búsqueda de la estética perfecta, es su rigor científico –el respeto obsesivo de las leyes de la física– lo que le permite captar, como un alquimista, la llama de lo consciente, lo animado y lo inerte. Se trata, en suma, de un hito del cine de ciencia ficción, una pieza maestra que retrata, con el ojo de Dios, un universo perfecto regulado por reglas y principios, una coreografía de cuerpos celestes orquestada por el pulso armónico del Danubio Azul.

Terminator 4 salvation: The future begins

El jueves 4 de junio de 2009 es el estreno del filme que cierra la famosa saga Terminator, iniciada en 1984 con Terminator, continuada en 1991 con Terminator 2: Judgement day, y en 2003 con Terminator 3: The rise of the machines. Las dos primeras versiones fueron dirigidas por James Cameron, y la tercera por Jonathan Mostow. La nueva versión, Terminator 4 (Terminator salvation: The future begins), dirigida por  Joseph “McG” McGinty Nichol, trancurre en 2018, un mundo dominado por Skynet, programa informático dotado de inteligenia artificial creado por Cyberdyne Systems Corporation, una red autoconsciente que es capaz de controlar el arsenal militar de los Estados Unidos sin la participación humana.

«Los hombres hemos aspirado desde la Antigüedad a crear seres artificiales. Durante siglos el arte y la tecnología han contribuido a alimentar la ilusión de que se trata de un anhelo realizable. Santiago Koval, en este sugerente y documentado libro, indaga con fina inteligencia el modo en que el cine de ciencia ficción, desde la fundacional Metrópolis de 1926, ha reflejado y ayudado a moldear el imaginario moderno sobre robots, androides, ciborgs y poshumanos, renovado por la aceleración del desarrollo tecnocientífico que se produjo a finales del siglo XX». Dr. Diego Levis

La tecnología es el motor del cambio humano. Su evolución marca el ritmo de las civilizaciones, pero su influjo solo asume verdadera fuerza cuando viene acompañado por otra capacidad humana, que la precede y condiciona a todo momento: la imaginación. La proyección imaginaria, expresada por lo general en la forma de discurso, es el verdadero engranaje del desarrollo del medio social. Combinadas, tecnología e imaginación, forman una poderosa usina de transformación de lo real que ha ejercido presión sobre la cultura desde la noche de los tiempos.

El desarrollo tecnocientífico regula los límites de lo realizable (lo que se puede hacer), el discurso imaginario, las fronteras de lo concebible (lo que se puede pensar). El uno y el otro, retroalimentados y articulados íntimamente por la trama infatigable de la historia, despiertan en el seno social fantasías y aspiraciones de realidad entre lo posible y lo pensable, que se despiertan una y otra vez en el ideario colectivo.

Por María Agustina Melchiori. Para el blog Hablando del asunto. Publicado el 09/01/09.

La condición poshumana no es sólo un texto analítico, sino una pieza de apreciación muy bien desarrollada, atrapante e instructiva, capaz de dejar en el lector una poderosa inquietud por conocer más sobre los avances que posibilitarían en un futuro cada vez más cercano, la concreción de uno de los sueños más ambiciosos del hombre.

María Agustina Melchiori

The matrix“, la idea de un homúnculo o un artefacto autoconsciente capaz de desprenderse de su creador atraviesa todas las expresiones humanas. Con especial énfasis en dos de los campos de mayor dinamismo: el científico y el artístico.

Desde el origen del término “robots” hasta la aplicación más moderna y la proyección sobre los diferentes tipos de inteligencia artificial, Santiago Koval aborda uno de los tópicos más explorados de la ciencia ficción: la cuestión poshumana. Entendida desde distintos aspectos que se ocupa de despejar y definir en la introducción y la primera parte de su trabajo, dicha condición implica una superación de la cualidad humana intrínseca, así como de la robótica, en pos de varias combinaciones de los dos aspectos de análisis.

Por Diego Levis. Doctor en Ciencias de la Comunicación. Profesor titular de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA.

¿Análogicos? ¿Digitales?  ¡Biológicos!

¿Pero hasta cuando?

Stelarc Ciborg A lo largo de los siglos los seres humanos nos hemos valido de diversos de dispositivos tecnológicos para mejorar, aumentar o regular nuestras capacidades. Hemos creado el vestido para protegernos del frío, del viento y del sol y por medio de herramientas e instrumentos creados por nosotros hemos aumentado artificialmente nuestra capacidad física para proveernos alimento y refugio.  Mazas y martillos nos ayudan a  golpear con mayor fuerza, anteojos con lentes de aumento nos permiten ver aquello que nuestra vista no alcanza distinguir con suficiente claridad, inventamos micrófonos y altavoces para potenciar nuestra voz,  dentaduras postizas, brazos y piernas ortopédicas de creciente sofisticación técnica,  audífonos y otras prótesis de diferentes tipos para reparar o mejorar artificialmente las funciones de un órgano o de un miembro de nuestro cuerpo (o parte de él).

“El cyborg es un constructo cuyas prótesis le ayudan a superar características meramente humanas y lo convierten en un ser posthumano […] como figura de identidad posthumana en la actualidad, provee un marco teórico para estudiar estos mismos conceptos ya que está moldeado tecnológicamente de la materia del cuerpo físico y de narrativas culturales”

Luz María Sepúlveda

 
Sepúlveda, Luz María. 2004. La utopía de los seres posthumanos. México: Fondo Editorial Tierra Adentro 276, Conaculta/Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca. 125 pp.

La utopia de los seres posthumanos - Luz Maria SepulvedaEl ensayo de Luz María Sepúlveda, La utopía de los seres posthumanos, que mereció el Premio Nacional de Ensayo José Vasconcelos en 2004, plantea un debate acerca de la corporalidad en los siglos XX y XXI y, en particular, acerca del uso de la tecnología orientada a manipular, invadir y representar el cuerpo humano. La autora detalla las nuevas estructuras de comprensión del mundo, en las que la técnica ocupa cada vez más un papel preponderante y se esboza una fuerte transición de lo material a lo inmaterial, en una tendencia, ya marcada por Karl Marx, por la que todo lo sólido se disuelve en el aire.

Las relaciones que en la era moderna eran de “producción y consumo”, se convierten, en la era posmoderna, en relaciones “de comunicación e interpretación”. En el fondo de esta tesis posmoderna de Sepúlveda se encuentra la conocida tesis de la inmaterialidad (enunciada, entre otros, por Tomás Maldonado), esto es, la idea de que la materia está desapareciendo progresivamente del planeta con consecuencias de caracter ontológico: el mundo se rige cada vez más por la vacuidad y arbitrariedad de un éter virtual que no se enraiza en ninguna materia, ni siquiera en el cuerpo individual.

Por Diego Levis. Doctor en Ciencias de la Comunicación. Docente titular de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires (UBA).

Durante siglos, el hombre ha ido construyendo una imagen propia que tiende a oponer el cuerpo a la mente, término impreciso que en castellano se utiliza para describir procesos psíquicos de carácter cognitivo o para expresar la propiedad intelectual del alma (principio o sustancia volátil e inaprensible). En este transitar, ha separado los sentimientos de la razón, a la que le ha atribuido ser el rango distintivo de la naturaleza humana. Incluso, se ha pensado a sí mismo y al resto de los seres vivos como máquinas con características particulares vinculadas con sus sistemas de organización, y no con sus componentes: «[A] un sistema vivo lo define su organización y, por lo tanto, […] es posible explicarlo como se explica cualquier organización, vale decir, en términos de relaciones, no de propiedades de componentes».

En tanto «máquinas de razonar», desde hace siglos y en distintas épocas y lugares, los humanos hemos concebido la posibilidad de construir seres artificiales capaces de replicar parcial o totalmente distintas funciones de los seres naturales (desde los movimientos hasta el pensamiento). Estatuas articuladas que podían moverse y emitir sonidos en el Antiguo Egipto, estatuas que cobran vida en la Grecia Clásica y máquinas de pensar en la Edad Media europea, calculadoras mecánicas y autómatas con formas humanas y de animales en los siglos XVI y XVII, y más recientemente robots y computadoras, son algunos de los distintos intentos por conseguir copiar, imitar, aumentar o extender algunas de las capacidades naturales de los seres vivos, incluso la de transmitir vida por medio de sistemas artificiales (creaciones humanas). El punto culminante de este anhelo es la creación (o recreación) de seres humanos por medios no naturales.